Necesidades no cubiertas en el sector de la hostelería

Manilva

        Foto: Camino a Manilva. Paisaje digno de plantilla de windows.

En el anterior post hablaba sobre la importancia de ser un cliente consciente y crítico, lo cual no significa ni ser un cliente protestón ni vivir amargado, ¡pero si aprender y mejorar!.

Taaanto trabajar con estos temas… yo llevo incorporadas ya las gafas de cliente analista, y la verdad es que es habitual observar cómo en múltiples negocios, en lugar de ofrecernos un producto o servicio, perdemos el tiempo, el dinero y el ánimo. En esos casos hay que ser asertivos y ejercer nuestros derechos, y sobre todo, aplicarlo a cómo nosotros atendemos a nuestro trabajo, clientes y personas con las que interactuamos en el día a día.

Vamos a reflexionar sobre el ejemplo de la hostelería. En mi caso, como persona que opta por una dieta vegetariana, las anécdotas son infinitas. Nunca hay que perder el humor.

Estos días de semana santa, entre origen y destino, he hecho una parada de un día en una ciudad intermedia. Me levanté con el tiempo programado para ducharme, desayunar y partir hacia el destino final, ya que tenía incluida la comida en el precio de mi  hotel a la llegada. En una terraza con cinco mesas, tarde casi una hora en ser atendida para desayunar. Primero el café, luego el azúcar, luego un nuevo vaso más limpio que al anterior para el zumo, y más tarde la tostadita. Eso preguntándome cada cinco minutos qué faltaba (a mí y al resto de la terraza). Conclusión: la cliente y su acompañante tienen que llegar tarde y pagar una comida que ya tenían incluida en el precio -30 euros- (o marcharse sin desayunar y sin pagar).

Llegada al complejo hotelero e imposibilidad de acceder a la habitación en toda la tarde. Falta de planificación, desorganización de la plantilla y lentitud del personal. Ni información, ni medida de solución ante la situación, ni compensación. Conclusión: 7 horas de cola para el check in, un día de vacaciones perdido de los cuatro que tenemos en semana santa (mejor no lo traducimos a dinero).

Cuando damos servicio a una persona nos tenemos que poner en su piel y pensar en las consecuencias que nuestra actitud traen consigo para ese cliente y por ende para nuestro negocio o para el que nos da de comer. Todos cometemos errores, pero en lo que dependa de nosotros, esos errores no deben ser la norma general.

Vamos ahora con la realidad de la hostelería para las personas vegetarianas, que con ejemplos similares se puede extrapolar a alérgicos de todo tipo y demás seres mitológicos que no son “normales”.

– Una persona vegetariana tal vez coma atún, jamón york o marisco.

Es entendible que te lo pregunten tus amigos, sí, pero una persona que se ha formado como cocinera, camarera, ¿no debería conocer qué es un vegetariano, qué es un celiaco…?. Más que molesta es curiosa la falta de información generalizada.

Si se cuela un poco de atún, que lo aparte, aunque nos haya repetido que sin atún hasta la saciedad. Luego hacemos una broma sobre cómo los vegetarianos si comen bien el chocolate del postre y todo arreglado. Al fin y al cabo, son como niños. No sé si se habrán planteado las consecuencias que puede tener dar un alimento a alguien que es alérgico, en términos de salud y de multa.

– A una persona vegetariana le da igual comer siempre lo mismo.

El mundo vegetal (más aún el ovo- lácteo- vegetariano), como su propio nombre indica, va más allá de la lechuga. La ensalada mixta y la tortilla francesa están bien un día, pero  no todos los días cuando frecuentas un sitio. Esa guarnición de vegetales que has puesto de acompañamiento al solomillo, puede ser una rica parrillada de verduras, o ser mezclada con arroz, pasta. ¡Hay tantas opciones! que la gente cada vez come más vegetariano y no se da ni cuenta. Restaurantes: tened siempre una alternativa vegetariana en vuestro menú, porque no supone comprar ni más ingredientes de reserva ni cosas raras que no coman el resto de las personas “normales”, y porque la tendencia marca que la gente cada vez prescinde más de la carne y el pescado y aunque lo coman, si van acompañados de un vegetariano no van a ir a tu restaurante. No penséis sólo en quien paga, sino también en quién decide.

– Una persona vegetariana come poco.

Hace poco en una boda, me preguntaban que si quería comer el otro plato que tenía encargado. Digo yo que… ya me pensaré, como el resto de los comensales, si como todo, nada o dejo restos, que para eso soy una más y pagado una pasta por estar allí.

Lo bueno es que las personas cercanas se sensibilizan con tu situación y avisan previamente de que asistirá a la comida una alguien vegetariano. Eso sí, tendrás en el mejor caso el mismo número de platos que el resto, pero los entrantes del medio ¡olvídate! no te corresponden. Te esperas pellizcando el pan. Luego te comes tu ensalada.

– Coma lo que coma, la persona vegetariana paga igual que el resto.

Esto es lo mejor de todo. Ensalada mixta y tortilla francesa = al más caro de los platos de carne o pescado. Precios justos ¡Estoy deseando volver a tu restaurante!.

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